Los centros urbanos juegan un rol estratégico en nuestras ciudades. Al concentrar un gran número de atractivos (instituciones públicas, oferta comercial, espacios públicos, etc.), todos los habitantes de un área urbana -y no solamente de los residentes de su zona central- visitan estos centros al menos ocasionalmente, ya sea para trabajar, hacer compras, salir a divertirse, o hacer algún trámite. La dinamización de estos lugares es una forma efectiva de mejorar la calidad de vida de todos los habitantes de un área urbana, y no solamente de los residentes de un distrito en particular.

Por otro lado, por su alta afluencia, estos espacios gozan de una alta visibilidad que les otorga un rol de “vitrina” en el imaginario colectivo, impactando la “imagen” de una ciudad o incluso una región en su conjunto. Las personas tienden a formar su opinión de una ciudad basándose en su percepción de los lugares más conocidos. Por ello, la recuperación de centros urbanos son una herramienta potente de marketing territorial que no solamente refuerza el atractivo turístico de una ciudad, sino que las convierten también en lugares más deseables para vivir y para trabajar.

En el contexto actual de crisis nacional, cabe señalar que la mala calidad de nuestras políticas públicas son un síntoma de la carencia de profesionales de alto nivel, sobre todo a nivel descentralizado. En un mundo globalizado, los talentos atribuyen cada vez mayor importancia a la calidad de vida en su elección de ciudad de residencia. Una política de recuperación de centros urbanos -comenzando por los centros históricos- podría constituir un primer peldaño en el esfuerzo por mejorar la atractividad residencial de nuestras ciudades intermedias, favoreciendo una mejor repartición y retención de los talentos, así como una mejor base para el desarrollo turístico y económico de todo el territorio nacional, en particular de las regiones más abandonadas.

Del mismo modo, las crisis climática y energética nos obligan a replantear nuestros modelos de urbanización. Las ciudades poco densas (en habitaciones por km2) no solo contaminan más al generar mayor cantidad de trayectos de larga distancia, sino también sufrirán más fuertemente el aumento del costo del petróleo y del transporte. Ese impacto golpeará en primer lugar a las poblaciones más pobres que viven en las periferias de nuestras urbes. También impactará la productividad de nuestras ciudades generando un sobre costo de transporte para todos los actores económicos.

¿Cómo dinamizar un centro urbano?

Comúnmente, las políticas de recuperación y dinamización de centros se enfocan principalmente en criterios estéticos tales como la recuperación de fachadas y/o espacios públicos. Sin embargo, para que un centro urbano sea atractivo se necesitan estrategias integrales que favorezcan una intensidad y diversidad de usos del espacio.

Una primera condición para el éxito es alcanzar una alta densidad de vivienda y centros de empleo que generen una clientela de cercanía suficientemente robusta para sostener una base de oferta comercial estable. Al igual que en los centros comerciales, un plan de merchandising permitiría luego reagrupar la oferta de forma coherente alrededor de circuitos comerciales temáticos. No es suficiente albergar una oferta comercial diversificada si esta no es fácilmente identificable y accesible para la clientela.

En ese sentido, tales circuitos deben concebirse tomando en cuenta el acceso a las infraestructuras de transporte. Un plan de movilidad inteligente debe buscar el equilibrio entre los distintos medios de transporte, para contribuir a mejorar la calidad de los espacios públicos sin dejar de garantizar una accesibilidad razonable. Para ello, existen varios niveles posibles de restricción vehicular (peatonalización, ensanchamiento de veredas, cambios de sentido, zonas de acceso selectivo, limitaciones de velocidad, etc.) y de acondicionamiento (mobiliario urbano, terrazas, vegetación, señalización) que permiten ajustar la configuración del espacio público en función del potencial de cada calle.

Por ejemplo, los sitios emblemáticos (edificios resaltantes, plazas, museos) deberían ser incluidos dentro de los circuitos comerciales principales con el fin de favorecer su puesta en valor y promover la inversión privada en recuperación y mantenimiento. Asimismo, la programación de campañas comerciales y eventos culturales constituye una herramienta esencial para complementar la oferta, atraer nuevos segmentos de clientela e ir consolidando una identidad singular y diferenciadora frente a otros centros urbanos.

Ejemplos en el mundo, ¿Y por qué no en el Perú?

En 2001, la Secretaría de Turismo de México lanzó el programa “Pueblos mágicos” para para promover 132 pequeñas ciudades que se encontraban excluidas de los principales circuitos turísticos. Asimismo, en 2018, el Gobierno francés lanzó el programa “Corazón de Ciudades” (o “Action Coeur de Ville”) para dinamizar el centro histórico de 222 ciudades intermedias a través de un programa masivo de inversiones en la mejora de la oferta comercial, la vivienda y los espacios públicos principalmente. El éxito de este programa motivó el lanzamiento de un nuevo programa (“Petites villes de demain” o “pequeñas ciudades del futuro”) para la dinamización del centro histórico de 1644 pequeñas ciudades.

Un programa nacional que brinde asistencia técnica y financiamiento para dinamizar los principales centros históricos del Perú podría ser un ejercicio interesante para promover los beneficios de la ciudad densa. Cada capital de departamento debería ofrecer un barrio emblemático que inspire orgullo en sus habitantes, así como mejore la calidad de vida y atractividad turística, residencial y económica de toda su región.